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Durante años, les dijeron que el radio era completamente seguro... hasta que descubrieron que se estaba acumulando en sus huesos

Por Alberto S. · 3 de agosto de 2026

Un trabajo de élite para chicas jóvenes

A comienzos del siglo XX, conseguir un empleo pintando diales de relojes luminosos era, para muchas jóvenes de clase trabajadora en Estados Unidos, un auténtico golpe de suerte.

Empresas como la United States Radium Corporation (USRC), con su planta principal en Orange, Nueva Jersey, inaugurada en 1917, y la Radium Dial Company, en Ottawa, Illinois, ofrecían salarios elevados y un prestigio poco común para chicas de entre 14 y 24 años.

Su trabajo consistía en pintar, a mano y con enorme precisión, los números y las manecillas de relojes de bolsillo y relojes militares utilizando una pintura luminiscente llamada "Undark", elaborada con radio, el elemento radiactivo descubierto por Marie y Pierre Curie en 1898.

La demanda de estos relojes aumentó enormemente durante la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados necesitaban consultar la hora en la oscuridad de las trincheras.

Nadie imaginaba que aquel brillo verdoso, admirado incluso por las propias trabajadoras, terminaría convirtiéndose en la causa de una de las mayores tragedias laborales del siglo XX.

"Lip-pointing": la instrucción que selló su destino

Para conseguir un trazo extremadamente fino, los supervisores enseñaban a las obreras una técnica conocida como lip-pointing, o "chupar el pincel".

El procedimiento era sencillo:

  • Mojar el pincel en la pintura con radio.
  • Colocarlo entre los labios.
  • Girarlo para afilar las cerdas.
  • Pintar.
  • Repetir el proceso cientos de veces durante la jornada.

Es importante aclarar un punto que suele malinterpretarse.

Las trabajadoras no aceptaban conscientemente un riesgo a cambio de un buen salario.

Cuando preguntaban si aquella práctica podía perjudicar su salud, los supervisores les respondían que la cantidad de radio era completamente inofensiva.

Incluso aseguraban que podía resultar beneficiosa y darles "mejillas sonrosadas".

Aquella afirmación encajaba perfectamente con la mentalidad de la época.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el radio gozaba de una reputación casi milagrosa.

Se vendía en:

  • Cremas faciales.
  • Dentífricos.
  • Aguas embotelladas.
  • Medicamentos contra la fatiga.

Muchos lo consideraban un elemento capaz de revitalizar el organismo.

Fuera del trabajo, muchas de las llamadas "Radium Girls" jugaban con los restos de pintura.

Se pintaban:

  • Las uñas.
  • Los dientes.
  • Los vestidos.

Después salían a bailar brillando literalmente en la oscuridad.

Lo que parecía un privilegio glamuroso era, en realidad, una exposición constante a radiación ionizante.

La doble moral dentro de la propia empresa

Mientras la dirección de la USRC insistía en que la pintura era segura, dentro de sus laboratorios la realidad era muy distinta.

Los químicos y ejecutivos que manipulaban el radio concentrado utilizaban:

  • Mamparas de plomo.
  • Pinzas de mango largo.
  • Máscaras protectoras.

Las jóvenes pintoras, en cambio, no recibían ningún tipo de protección.

Este contraste demuestra que dentro de la empresa ya existía, al menos parcialmente, conocimiento sobre los riesgos asociados al radio.

Los primeros síntomas: una enfermedad que nadie sabía nombrar

A comienzos de la década de 1920 comenzaron a aparecer los primeros casos.

Las trabajadoras empezaron a sufrir síntomas devastadores:

  • Pérdida espontánea de dientes.
  • Dolores intensos en la mandíbula.
  • Fracturas óseas sin causa aparente.
  • Necrosis progresiva de los huesos faciales.

Esta enfermedad llegó a conocerse como la "mandíbula de radio".

Uno de los primeros casos fue el de Mollie Maggia.

Murió en 1922, con apenas 24 años.

Su mandíbula inferior prácticamente se desintegró antes de fallecer.

Sin embargo, el médico encargado de certificar su muerte atribuyó falsamente la causa a la sífilis.

Aquella decisión protegía la reputación de la empresa, pero destruyó también la memoria pública de la joven.

El encubrimiento corporativo

En 1924, la propia United States Radium Corporation encargó un estudio interno al doctor Cecil Drinker para investigar la salud de sus trabajadoras.

Los resultados fueron contundentes.

Las obreras estaban gravemente contaminadas por radio.

Pero la empresa tomó otra decisión.

En lugar de publicar el informe o corregir las condiciones laborales, modificó sus conclusiones antes de entregarlo a las autoridades.

Durante años ocultó la verdadera magnitud del problema.

El punto de inflexión científico llegó en 1925.

El médico legista Harrison Martland desarrolló la primera prueba capaz de demostrar que el radio ingerido destruía directamente:

  • La médula ósea.
  • Las células sanguíneas.

Por primera vez existía evidencia médica irrefutable que relacionaba el radio con la enfermedad que estaba matando a aquellas jóvenes.

Por qué el radio destruye el esqueleto: el "impostor del calcio"

El mecanismo biológico detrás de esta tragedia es tan simple como devastador.

En la tabla periódica, el radio (Ra) pertenece al mismo grupo químico que el calcio (Ca).

El organismo humano no distingue correctamente entre ambos.

Cuando una persona ingería radio, el cuerpo lo trataba exactamente igual que si fuera calcio.

Como consecuencia, lo incorporaba directamente a:

  • Los huesos.
  • Los dientes.

Allí permanecía acumulado.

El problema era que el radio-226, con una vida media de aproximadamente 1.600 años, emitía continuamente radiación alfa.

Desde el exterior, este tipo de radiación apenas puede atravesar la piel.

Pero cuando la fuente radiactiva se encuentra dentro del organismo, ocurre exactamente lo contrario.

Las partículas alfa destruyen las células vecinas.

Provocan:

  • Necrosis ósea.
  • Daño en la médula.
  • Alteraciones del ADN.
  • Sarcomas óseos.
  • Infecciones masivas.

Este proceso explica la llamada mandíbula de radio.

Los dentistas describieron casos donde, al intentar extraer un diente, el hueso de la mandíbula se desmoronaba como si fuera yeso seco.

Grace Fryer y la batalla legal que cambió las leyes laborales

A pesar del enorme poder de las empresas involucradas, varias trabajadoras decidieron enfrentarlas.

En 1927, Grace Fryer, junto con:

  • Edna Hussman.
  • Katherine Schaub.
  • Quinta McDonald.
  • Albina Larice.

presentó una demanda contra la United States Radium Corporation.

El abogado Raymond Berry aceptó representarlas.

En 1928, el caso terminó mediante un acuerdo extrajudicial.

Cada demandante recibió:

  • 10.000 dólares de indemnización.
  • Cobertura médica.
  • Una pensión anual vitalicia.

Aquel acuerdo marcó un precedente histórico.

Fue uno de los primeros reconocimientos legales por enfermedad profesional en Estados Unidos.

Pero la lucha no terminó allí.

En 1938, Catherine Wolfe Donohue, ya gravemente enferma, declaró ante una comisión estatal de Illinois durante el proceso contra la Radium Dial Company.

Su testimonio resultó decisivo.

Gracias a ello se prohibió definitivamente la técnica de lip-pointing y se establecieron normas mucho más estrictas para el manejo industrial de materiales radiactivos.

Un legado que fue mucho más allá del caso individual

La tragedia de las Radium Girls transformó profundamente la medicina ocupacional.

Las investigaciones realizadas sobre ellas permitieron establecer los primeros límites de exposición segura a la radiación.

Estos datos resultaron fundamentales pocos años después para proteger a científicos y técnicos que participaron en el Proyecto Manhattan durante la década de 1940.

Existe además un hecho especialmente impactante.

En 1927, el cuerpo de Mollie Maggia fue exhumado para realizar una segunda autopsia.

Cinco años después de haber sido enterrada, sus huesos seguían emitiendo un resplandor verde azulado visible en la oscuridad de un laboratorio.

Como el radio-226 posee una vida media de aproximadamente 1.600 años, muchas tumbas de las Radium Girls continúan registrando niveles detectables de radiactividad mediante contadores Geiger.

Un mito que conviene aclarar: el color del resplandor

Existe una idea muy extendida que no es correcta.

El radio puro no brilla de color verde.

El característico brillo de la pintura "Undark" se producía porque la radiación emitida por el radio excitaba cristales de sulfuro de zinc dopado con cobre.

Ese compuesto era el responsable de emitir la luz visible mediante un proceso llamado radioluminiscencia.

En otras palabras:

El radio aportaba la energía.

El sulfuro de zinc producía el brillo.

Por qué esta historia sigue siendo relevante hoy

Más allá del drama humano, el verdadero legado de las Radium Girls se encuentra en los cambios que provocaron.

Gracias a la lucha de mujeres como Grace Fryer y Catherine Wolfe Donohue, surgieron precedentes legales que hoy forman parte de la medicina ocupacional moderna.

También impulsaron regulaciones para el manejo seguro de sustancias peligrosas en los lugares de trabajo.

La historia de las Radium Girls no es únicamente una tragedia médica.

Es también el ejemplo de cómo un grupo de trabajadoras logró transformar su sufrimiento en cambios permanentes que continúan protegiendo a millones de personas en todo el mundo.

¿Sabías que...?

● Las trabajadoras afilaban el pincel con los labios cientos de veces al día mediante una técnica conocida como lip-pointing.

● El organismo confundía el radio con el calcio y lo almacenaba directamente en los huesos.

● El caso de las Radium Girls estableció algunos de los primeros precedentes legales sobre enfermedades profesionales en Estados Unidos.

● Muchas de las tumbas de estas trabajadoras siguen registrando niveles detectables de radiactividad debido a que el radio-226 tiene una vida media de aproximadamente 1.600 años.

La historia de las Radium Girls demuestra cómo la desinformación, la negligencia empresarial y la falta de regulación pueden convertir un avance científico en una tragedia humana.

Durante años les aseguraron que el radio era completamente seguro.

La realidad era muy distinta.

Cada pincel que afilaban con los labios dejaba una pequeña cantidad de radio dentro de su organismo.

Con el tiempo, aquel elemento comenzó a acumularse silenciosamente en sus huesos.

Su sufrimiento no fue en vano.

Gracias a su lucha, nacieron muchas de las normas de seguridad laboral que hoy siguen protegiendo a millones de trabajadores en todo el mundo.

Fuentes consultadas

  1. Radium Girls - Wikipedia
  2. Las Radium Girls y la científica que las ayudó - NIST (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE. UU.)