El internet no viene del espacio... viene del fondo del mar. Así son los cables que conectan al mundo

Por Alberto S. · 27 de julio de 2026

La gigantesca red de fibra óptica que atraviesa los océanos transporta más del 95 % del tráfico internacional de internet y sostiene prácticamente toda la economía digital.

Cada vez que envías un mensaje por WhatsApp, haces una videollamada, ves una película en streaming o realizas una compra en línea, probablemente imaginas que toda esa información viaja a través de satélites flotando en el espacio. Es una idea tan extendida que incluso muchas películas y documentales la presentan como un hecho. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Aunque los satélites desempeñan un papel importante en las telecomunicaciones, la inmensa mayoría del tráfico internacional de internet no viaja por el espacio, sino por el fondo del océano. Bajo las aguas existe una red gigantesca de cables de fibra óptica que conecta continentes enteros y hace posible que miles de millones de personas puedan comunicarse casi de manera instantánea.

Se estima que más del 95 % del tráfico internacional de datos viaja por esta infraestructura submarina, una red que supera los 1.4 millones de kilómetros de longitud. Sin ella, sería prácticamente imposible mantener funcionando la economía digital moderna, las bolsas de valores, los bancos, los servicios de streaming, las redes sociales o las plataformas de inteligencia artificial que utilizamos todos los días.

La "nube" en realidad tiene cables

Cuando hablamos de "subir un archivo a la nube", solemos imaginar un sistema completamente intangible. Sin embargo, esa nube no está suspendida en el cielo.

La información simplemente viaja desde nuestro dispositivo hasta un centro de datos mediante redes terrestres y, cuando necesita cruzar océanos, utiliza cables submarinos de fibra óptica.

Dentro de estos cables no circula electricidad como muchas personas creen. En realidad, la información viaja en forma de pulsos de luz generados por láseres extremadamente precisos. Esos pulsos recorren fibras ópticas fabricadas con vidrio ultrapuro, reflejándose miles de veces en su interior hasta llegar al otro lado del planeta con pérdidas mínimas de señal.

Gracias a esta tecnología es posible transmitir cantidades gigantescas de información a velocidades cercanas a la de la luz.

Una infraestructura mucho más delgada de lo que parece

Uno de los datos que más sorprenden sobre esta red mundial es el tamaño de los cables.

En internet suele decirse que "todos los cables submarinos tienen el grosor de una manguera de jardín". Esa afirmación es parcialmente cierta, pero necesita contexto.

En aguas profundas, donde se encuentra la mayor parte de su recorrido, muchos cables tienen un diámetro cercano a los 2 centímetros, similar al de una manguera de jardín doméstica. Esto es posible porque en esas zonas el fondo marino permanece relativamente tranquilo y existe poco riesgo de daños causados por actividades humanas.

Sin embargo, conforme los cables se acercan a las costas, reciben varias capas adicionales de protección. En esas zonas pueden duplicar o incluso triplicar su grosor gracias a recubrimientos de acero y otros materiales diseñados para soportar el contacto con rocas, anclas, corrientes intensas y redes de pesca.

Es decir, la comparación con una manguera es correcta para gran parte del recorrido en aguas profundas, pero no representa el aspecto que tienen en los tramos cercanos a tierra.

¿Qué hay dentro de un cable submarino?

Aunque desde fuera parecen simples tubos negros, su interior es una auténtica obra de ingeniería.

En el centro se encuentran varias fibras ópticas, cada una apenas un poco más gruesa que un cabello humano. Estas fibras transportan los datos mediante pulsos de luz.

Alrededor de ellas existe una capa de gel protector que evita la entrada de humedad y absorbe pequeñas deformaciones. Después aparecen tubos de cobre que alimentan eléctricamente los equipos repetidores instalados a lo largo del recorrido. Finalmente se añaden capas de aislamiento, acero galvanizado y polietileno para proteger toda la estructura.

Cada capa cumple una función específica. El resultado es un cable sorprendentemente resistente que puede permanecer funcionando bajo el océano durante más de dos décadas.

Viajan miles de kilómetros... pero necesitan ayuda

Aunque la fibra óptica pierde muy poca señal, no puede transmitir información indefinidamente.

Por ello, aproximadamente cada 50 a 100 kilómetros se instalan repetidores ópticos alimentados eléctricamente desde tierra. Estos dispositivos amplifican nuevamente la señal luminosa para que pueda seguir recorriendo miles de kilómetros sin degradarse.

Gracias a este sistema existen cables capaces de conectar continentes separados por más de 15,000 kilómetros sin necesidad de sacar la información a la superficie.

¿Quién construye estos cables?

Durante décadas, la mayoría de los cables submarinos pertenecían a grandes compañías telefónicas y consorcios internacionales.

Sin embargo, en los últimos años las grandes empresas tecnológicas han comenzado a invertir miles de millones de dólares para construir sus propias rutas.

Google participa en numerosos sistemas internacionales como Dunant, Equiano y Firmina. Meta también financia varios proyectos de gran capacidad, mientras que Microsoft, Amazon y otras compañías participan en diferentes consorcios para garantizar conexiones más rápidas entre sus centros de datos.

Esto les permite reducir costos, aumentar la velocidad de sus servicios y disminuir la dependencia de operadores externos.

El mayor peligro no son los tiburones

Durante muchos años circularon imágenes de tiburones mordiendo cables submarinos. Aunque existen algunos casos documentados —principalmente durante pruebas realizadas hace décadas—, esta no es una causa importante de averías.

En realidad, la mayor parte de los daños ocurre cerca de las costas.

Las principales amenazas son las anclas de barcos, las redes de pesca de arrastre, los terremotos submarinos y los deslizamientos del fondo oceánico.

Cuando un cable resulta dañado, el tráfico normalmente se redirige automáticamente por otras rutas disponibles. Gracias a esa redundancia, la mayoría de los usuarios nunca nota que ocurrió una avería.

Sin embargo, cuando varias conexiones importantes fallan al mismo tiempo, sí pueden presentarse interrupciones considerables.

Cuando un cable se rompe

Detectar una falla es relativamente rápido.

Los sistemas de monitoreo pueden calcular con bastante precisión el punto donde se produjo la interrupción analizando el tiempo que tarda la señal en regresar desde el sitio dañado.

Después comienza una compleja operación marítima.

Un barco especializado navega hasta la zona, localiza el cable utilizando equipos submarinos y lo recupera desde el fondo mediante enormes ganchos o vehículos operados a distancia (ROV).

Una vez en cubierta, los técnicos eliminan la sección dañada, unen un nuevo tramo mediante empalmes extremadamente precisos y realizan múltiples pruebas antes de volver a depositarlo cuidadosamente sobre el lecho marino.

Dependiendo de la profundidad, el clima y la ubicación, estas reparaciones pueden tardar desde algunos días hasta varias semanas.

Los cortes que han afectado al mundo

Aunque internet fue diseñado para resistir múltiples fallas, algunos incidentes han demostrado lo dependientes que somos de esta infraestructura.

En 2006, un terremoto cerca de Taiwán dañó varios cables submarinos y provocó importantes interrupciones en las comunicaciones de numerosos países asiáticos.

En 2022, la erupción volcánica y el tsunami en Tonga rompieron el único cable internacional que conectaba al archipiélago con el resto del mundo, dejando al país prácticamente incomunicado durante semanas.

Más recientemente, diversos daños ocurridos en el mar Rojo afectaron varias rutas internacionales, obligando a redirigir grandes cantidades de tráfico entre Europa, Asia y África.

Estos episodios muestran que, aunque internet parece una red invisible, depende de infraestructuras físicas cuya interrupción puede tener consecuencias económicas importantes.

Una de las obras de ingeniería más impresionantes del planeta

Resulta sorprendente pensar que la infraestructura que sostiene buena parte de la civilización digital permanece oculta bajo el océano.

Miles de millones de mensajes, videollamadas, operaciones bancarias y búsquedas en internet recorren cada segundo una red de cables que la mayoría de las personas nunca verá.

Lejos de ser una nube intangible, internet es una gigantesca obra de ingeniería construida con vidrio, acero y kilómetros de fibra óptica tendidos sobre el fondo marino.

La próxima vez que envíes un mensaje a alguien que vive al otro lado del planeta, es muy probable que esas palabras crucen un océano entero por el interior de un cable del grosor aproximado de una manguera de jardín antes de aparecer, apenas unos milisegundos después, en la pantalla de otra persona.

Fuentes consultadas

  1. Cable submarino - Wikipedia