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La evolución creó unas hormigas capaces de rescatar heridos y tratar infecciones

Por Alberto S. · 2 de agosto de 2026

Imagina un campo de batalla donde decenas de soldados resultan heridos tras enfrentarse a un enemigo peligroso.

Algunos piden ayuda.

Otros son rescatados y trasladados a un lugar seguro, donde especialistas inspeccionan sus heridas y aplican un tratamiento para evitar infecciones.

Parece la descripción de un hospital militar.

Pero ocurre todos los días en la naturaleza.

Las protagonistas son las hormigas Matabele (Megaponera analis), una especie africana cuya estrategia de rescate y tratamiento ha sorprendido a los científicos.

Lo más fascinante es que este comportamiento no nació de la compasión, sino de millones de años de evolución, que convirtió a estas hormigas en uno de los ejemplos más extraordinarios de cooperación animal conocidos hasta ahora.

Las hormigas médicas viven en una guerra permanente

Las Megaponera analis, también conocidas como hormigas Matabele, habitan en el África subsahariana y tienen una dieta muy particular:

Se alimentan casi exclusivamente de termitas.

Para conseguirlas organizan entre tres y cinco incursiones diarias contra los nidos de termitas de la subfamilia Macrotermitinae.

Estas expediciones se parecen a auténticas operaciones militares.

Cientos de hormigas avanzan en formación, atacan el termitero y regresan con sus presas.

Pero las termitas soldado no son rivales fáciles.

Sus poderosas mandíbulas pueden amputar patas e incluso decapitar a las hormigas invasoras.

Como resultado, entre un 10 % y un 20 % de las hormigas participantes terminan heridas en cada ataque.

El rescate comienza con una llamada química de auxilio

Cuando una hormiga resulta herida, no espera pasivamente.

Libera una mezcla de feromonas desde sus glándulas mandibulares, principalmente dimetil disulfuro y dimetil trisulfuro.

Estas sustancias funcionan como una señal química de socorro que alerta inmediatamente a las demás obreras.

Las compañeras localizan a la herida, la inspeccionan rápidamente y, si consideran que puede recuperarse, la cargan cuidadosamente de regreso al hormiguero.

Este comportamiento fue descrito por primera vez en 2017 por el ecólogo Erik Frank y su equipo, convirtiéndose en uno de los descubrimientos más sorprendentes sobre comportamiento animal de las últimas décadas.

No todas las hormigas son rescatadas: así funciona el triaje

Uno de los aspectos más llamativos de este sistema es que las hormigas no intentan salvar a todas sus compañeras.

Existe una especie de triaje biológico, es decir, una selección de los individuos que tienen posibilidades reales de sobrevivir.

Cuando una hormiga ha perdido demasiadas extremidades o presenta lesiones incompatibles con la vida, deja de colaborar con el rescate.

En lugar de adoptar la postura necesaria para ser transportada, se agita y rechaza la ayuda.

Las demás hormigas interpretan esa respuesta y continúan la misión sin ella.

Aunque pueda parecer cruel desde una perspectiva humana, este comportamiento representa una estrategia evolutiva muy eficiente.

Las colonias de Megaponera analis suelen estar formadas por apenas entre 1.000 y 2.000 individuos, por lo que cada obrera supone una inversión importante de tiempo y energía para la colonia.

Rescatar únicamente a quienes pueden volver a combatir permite mantener una fuerza de ataque mucho mayor a largo plazo.

Dentro del hormiguero comienza el verdadero tratamiento

El rescate es solo la primera parte del proceso.

Una vez que la hormiga herida regresa al nido, otras obreras inspeccionan cuidadosamente la lesión.

Durante varios minutos sostienen la extremidad dañada y lamen la herida, un comportamiento que durante años se interpretó simplemente como una limpieza.

Sin embargo, investigaciones publicadas entre 2023 y 2024 demostraron que ocurre algo mucho más sofisticado.

Las hormigas pueden detectar si la herida está infectada y solo entonces aplican sustancias antimicrobianas producidas por su glándula metapleural, una estructura exclusiva de las hormigas que funciona como una auténtica farmacia química.

¿Cómo saben si una herida está infectada?

Este fue uno de los descubrimientos más sorprendentes.

Los investigadores comprobaron que las hormigas distinguen las heridas infectadas gracias a cambios químicos en la superficie del cuerpo de sus compañeras.

Cuando detectan la presencia de la bacteria Pseudomonas aeruginosa, modifican su comportamiento y aplican de forma dirigida las secreciones de la glándula metapleural.

Estas secreciones contienen más de 112 compuestos orgánicos, entre ellos:

  • Ácidos carboxílicos.
  • Alcaloides.
  • Proteínas con propiedades bactericidas y fungicidas.

El resultado es extraordinario.

Sin tratamiento, cerca del 80 % de las hormigas infectadas muere en apenas 36 horas.

Con la aplicación de estas sustancias, la supervivencia aumenta hasta aproximadamente el 90 %.

No es medicina humana, sino una adaptación evolutiva

Es tentador pensar que estas hormigas sienten compasión por sus compañeras, pero esa interpretación sería incorrecta.

Los científicos insisten en que este comportamiento no responde a emociones humanas ni a decisiones conscientes.

Se trata de un conjunto de respuestas instintivas reguladas por señales químicas y moldeadas durante millones de años por la selección natural.

La evolución favoreció aquellas colonias capaces de conservar vivas a más obreras útiles, aumentando así sus posibilidades de supervivencia y reproducción.

Por eso, aunque el resultado recuerde a un sistema médico, el mecanismo que lo hace posible es completamente diferente.

Una lección para la medicina y la robótica

El interés por estas hormigas va mucho más allá de la biología.

Los compuestos producidos por su glándula metapleural están siendo analizados como una posible fuente de nuevos antimicrobianos capaces de combatir bacterias resistentes a los antibióticos actuales.

Además, el protocolo de rescate de Megaponera analis ha despertado el interés de ingenieros que desarrollan sistemas de robótica colaborativa.

Los algoritmos que utilizan estas hormigas para localizar heridos, evaluar su estado y decidir cuándo intervenir podrían inspirar futuros enjambres de drones destinados a operaciones de búsqueda y rescate en desastres naturales o estructuras colapsadas.

¿Sabías que...?

  • Entre el 10 % y el 20 % de las hormigas que participan en una incursión contra termitas resultan heridas.
  • Aproximadamente el 22 % de las hormigas de una colonia activa son "veteranas" a las que les falta una o dos patas, pero continúan participando en las expediciones de caza.
  • Las hormigas amputadas pueden aprender a desplazarse con tres o cuatro patas en apenas 24 horas, reincorporándose rápidamente a las siguientes incursiones.

Cuando la evolución encuentra soluciones extraordinarias

Las hormigas Matabele han demostrado que la evolución puede generar soluciones sorprendentemente sofisticadas para afrontar uno de los mayores desafíos de cualquier organismo: sobrevivir a las heridas y las infecciones.

Su sistema de rescate, triaje y tratamiento no es una versión en miniatura de la medicina humana, sino una adaptación biológica única que maximiza las posibilidades de supervivencia de toda la colonia.

Al mismo tiempo, estos descubrimientos están abriendo nuevas líneas de investigación en microbiología, desarrollo de antimicrobianos y robótica colaborativa.

Una vez más, la naturaleza demuestra que aún guarda estrategias capaces de inspirar algunos de los avances científicos del futuro.

Fuentes consultadas

  1. Targeted treatment of injured nestmates with antimicrobial compounds in an ant society - Nature Communications
  2. Megaponera analis - Wikipedia en inglés