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La extraña razón por la que millones lloraban por su Tamagotchi

Por Alberto S. · 22 de julio de 2026

En la década de 1990 apareció un pequeño dispositivo con forma de huevo que cambió para siempre la relación entre las personas y la tecnología.

No tenía gráficos sofisticados.

No podía conectarse a internet.

Ni siquiera emitía sonidos complejos.

Aun así, consiguió algo que pocos juguetes habían logrado hasta entonces: hacer que millones de personas sintieran un vínculo emocional auténtico con un puñado de píxeles en blanco y negro.

Cuando ese diminuto ser virtual "moría", muchos niños lloraban. Algunos adultos también.

Hubo escuelas que prohibieron llevar Tamagotchis a clase, psicólogos que analizaron el fenómeno y hasta personas que organizaron funerales simbólicos para despedirse de sus mascotas digitales.

Lo que parecía una simple moda infantil terminó convirtiéndose en uno de los primeros ejemplos documentados de cómo los seres humanos pueden desarrollar apego hacia una entidad completamente virtual.

El nacimiento del Tamagotchi

El Tamagotchi fue lanzado en Japón el 23 de noviembre de 1996 por la empresa Bandai.

Sus creadoras fueron Aki Maita, quien concibió la idea, y el diseñador Akihiro Yokoi, que colaboró en su desarrollo.

El nombre combina las palabras japonesas tamago (huevo) y una adaptación de la palabra inglesa watch (reloj), en referencia a su forma de huevo y a su tamaño, similar al de un reloj de bolsillo.

Su funcionamiento era extremadamente simple.

En la pantalla aparecía una pequeña criatura que nacía de un huevo. El usuario debía alimentarla, jugar con ella, limpiar sus desechos, apagar la luz cuando dormía y curarla cuando enfermaba.

Si el dueño descuidaba estas tareas durante demasiado tiempo, la mascota enfermaba y finalmente moría.

Hoy esto puede parecer una mecánica básica, pero en 1996 suponía una experiencia completamente nueva: un juguete que dependía constantemente de la atención de su propietario.

Un éxito mundial en tiempo récord

El fenómeno fue inmediato.

En pocos meses, el Tamagotchi se convirtió en uno de los juguetes más vendidos del planeta.

Durante los primeros años se distribuyeron decenas de millones de unidades y surgieron imitadores en prácticamente todos los mercados.

Su éxito fue tan grande que dio origen a todo un nuevo género de mascotas virtuales, inspirando posteriormente productos como Giga Pet, Neopets, Nintendogs e incluso robots sociales como AIBO de Sony.

Sin embargo, el verdadero impacto del Tamagotchi no fue tecnológico.

Fue psicológico.

¿Por qué la gente se encariñaba tanto?

Los científicos han estudiado durante décadas un fenómeno conocido como Efecto Tamagotchi.

Este término describe la tendencia humana a desarrollar vínculos afectivos con objetos tecnológicos que aparentan necesitar cuidados.

Aunque el usuario sabe perfectamente que no está frente a un ser vivo, el simple hecho de alimentar, proteger y responder a sus necesidades activa mecanismos psicológicos relacionados con el cuidado y la responsabilidad.

En el caso del Tamagotchi, el diseño estaba cuidadosamente pensado para reforzar ese vínculo.

La mascota emitía sonidos cuando necesitaba atención.

Mostraba expresiones faciales.

Enfermaba.

Dormía.

Crecía.

Incluso podía morir.

Cada una de estas acciones obligaba al propietario a tomar decisiones constantes, generando una sensación de responsabilidad similar a la que se experimenta con una mascota real.

Diversos investigadores consideran que este tipo de interacción ayuda a explicar por qué muchas personas desarrollaron emociones genuinas hacia un programa extremadamente sencillo.

Cuando un juguete empezó a causar problemas en las escuelas

El Tamagotchi acompañaba a sus dueños a todas partes.

Como las primeras versiones podían morir en pocas horas si no recibían cuidados, muchos niños las llevaban al colegio para atenderlas durante el día.

Las clases comenzaron a llenarse de pequeños pitidos.

Los alumnos interrumpían actividades para alimentar a sus mascotas o limpiar la pantalla.

En consecuencia, numerosas escuelas de países como Estados Unidos, Hong Kong, China y Tailandia decidieron prohibir el uso del juguete dentro de las aulas por las constantes distracciones que provocaba.

La propia Bandai terminó incorporando una función de pausa en modelos posteriores para evitar que las mascotas murieran mientras sus propietarios estaban en clase o trabajando.

El día que muchos descubrieron que podían llorar por unos píxeles

La muerte de un Tamagotchi no era especialmente dramática desde el punto de vista gráfico.

Dependiendo de la versión, aparecía una lápida, un fantasma o un mensaje indicando que la criatura había regresado a su planeta.

Pero para muchos usuarios aquello representaba una pérdida auténtica.

En 1997, el psicólogo Andrew Cohen, entrevistado por The New York Times, explicó que el juguete generaba "un verdadero sentimiento de pérdida y un proceso de duelo" en algunos niños porque habían desarrollado una relación de cuidado con su mascota virtual.

No era que los niños confundieran el Tamagotchi con un ser vivo.

Simplemente habían invertido tiempo, atención y afecto en él.

Cuando desaparecía, también desaparecía esa relación.

Los funerales y cementerios para Tamagotchis

Con el auge del fenómeno comenzaron a aparecer historias que hoy parecen difíciles de creer.

En distintos lugares del mundo algunos propietarios organizaron pequeños funerales simbólicos para despedir a sus mascotas digitales.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en Cornwall, Inglaterra, donde llegó a existir un pequeño cementerio dedicado a Tamagotchis.

También surgieron numerosos cementerios virtuales en internet donde los usuarios podían registrar el nombre de su mascota, escribir un epitafio e indicar la causa de su muerte.

Es importante aclarar que estos casos fueron iniciativas particulares y no un fenómeno organizado a escala nacional.

Con el paso del tiempo, algunas publicaciones exageraron estas historias, dando la impresión de que existían cementerios oficiales en numerosos países, algo que no está respaldado por la evidencia histórica.

El legado psicológico del Tamagotchi

Más allá de su éxito comercial, el Tamagotchi se convirtió en un objeto de estudio para psicólogos, antropólogos y especialistas en interacción entre humanos y tecnología.

Su importancia radica en haber demostrado que el apego emocional no depende exclusivamente de la apariencia realista de un personaje.

Bastan unas cuantas animaciones sencillas, comportamientos previsibles y una sensación de dependencia para que muchas personas desarrollen empatía.

Investigaciones posteriores han relacionado este fenómeno con el éxito de asistentes virtuales, robots sociales, videojuegos de simulación, mascotas robóticas e incluso aplicaciones de inteligencia artificial conversacional.

En otras palabras, el Tamagotchi fue uno de los primeros experimentos masivos que mostró cómo los seres humanos pueden establecer relaciones emocionales con entidades digitales.

¿Sigue existiendo el Tamagotchi?

Lejos de desaparecer, el Tamagotchi ha experimentado varias generaciones de relanzamientos.

Bandai ha lanzado nuevas versiones con pantallas a color, conectividad, funciones sociales y personajes mucho más complejos.

Según la propia compañía, el juguete ha vendido más de 90 millones de unidades desde su creación, consolidándose como una de las mascotas virtuales más exitosas de todos los tiempos.

Aunque la tecnología ha cambiado radicalmente desde 1996, la mecánica esencial sigue siendo la misma: cuidar de una pequeña criatura digital cuya supervivencia depende de la atención de su propietario.

Precisamente esa simplicidad explica por qué el Tamagotchi continúa siendo citado en estudios sobre diseño de videojuegos, interacción humano-computadora y psicología del apego.

Fuentes consultadas

  1. Tamagotchi - Wikipedia