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¿Qué idioma hablaría una persona si nunca escuchara hablar a nadie?

Por Alberto S. · 21 de julio de 2026

¿El lenguaje es algo con lo que nacemos?

¿Or es algo que aprendemos al escuchar a otras personas?

Durante siglos, esta pregunta intrigó a filósofos, religiosos y gobernantes.

Uno de ellos decidió buscar la respuesta de la forma más extrema imaginable.

A finales del siglo XV, el rey Jacobo IV de Escocia ordenó un experimento que hoy sería considerado profundamente inmoral.

Su objetivo era descubrir cuál era el idioma original de la humanidad.

Lo que obtuvo, si es que realmente ocurrió, fue una lección sobre la importancia del contacto humano.

El rey que quería encontrar la lengua de Adán

Jacobo IV fue uno de los monarcas más cultos de su tiempo.

Se interesaba por la medicina, la filosofía, la alquimia y las ciencias naturales.

Según varias crónicas escocesas, alrededor de 1493 decidió poner a prueba una antigua creencia.

Muchos pensaban que, si un niño crecía sin escuchar ningún idioma, terminaría hablando de forma espontánea la lengua que Dios había entregado a Adán y Eva en el Jardín del Edén.

En aquella época, algunos creían que ese idioma era el hebreo.

El experimento de la isla de Inchkeith

La principal fuente de esta historia es el cronista Robert Lindsay de Pitscottie, quien escribió varias décadas después de los supuestos hechos.

Según su relato, el rey envió a dos niños pequeños a la isla de Inchkeith, en el fiordo de Forth, bajo el cuidado de una mujer muda.

La intención era que los niños crecieran sin escuchar el habla humana.

Si el lenguaje fuera verdaderamente innato, el rey esperaba que comenzaran a hablar por sí solos en la supuesta lengua original de la humanidad.

Sin embargo, los historiadores advierten que no existen documentos contemporáneos que confirmen que el experimento ocurrió exactamente como fue narrado.

Es posible que parte del relato haya sido exagerado o incluso convertido en una leyenda con el paso del tiempo.

¿Hablaron realmente hebreo?

Robert Lindsay afirma que, años después, los niños hablaban un "buen hebreo".

Pero los especialistas consideran esa afirmación extremadamente poco fiable.

No existe ninguna evidencia lingüística que la respalde.

Además, el cronista escribió décadas después de los hechos y no fue testigo directo del supuesto experimento.

Por ello, muchos historiadores creen que esta parte de la historia refleja más las creencias religiosas de la época que un resultado real.

Lo que dice la ciencia moderna

Hoy sabemos que el lenguaje no aparece de forma espontánea en un niño completamente aislado.

Los seres humanos nacen con una extraordinaria capacidad biológica para aprender idiomas, pero esa capacidad necesita interacción social durante los primeros años de vida.

Escuchar hablar a otras personas, responder a gestos, imitar sonidos y mantener conversaciones son procesos fundamentales para el desarrollo normal del lenguaje.

Los casos documentados de niños que crecieron en aislamiento extremo muestran que, si no reciben estimulación lingüística durante los primeros años, pueden desarrollar graves dificultades para adquirir un idioma posteriormente.

Algunos nunca llegan a dominar plenamente una lengua, incluso después de recibir ayuda intensiva.

Un experimento que nunca debió realizarse

A lo largo de la historia hubo otros gobernantes que intentaron descubrir el supuesto "idioma original" mediante experimentos similares.

Entre ellos suele mencionarse al faraón Psamético I, según relata el historiador griego Heródoto, y al emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, aunque la veracidad de estos relatos también es discutida.

Todos comparten una misma idea: aislar a los niños para comprobar qué ocurría con el lenguaje.

Hoy, este tipo de experimentos serían completamente inaceptables desde el punto de vista ético.

La psicología y la neurociencia han demostrado que el contacto humano, la comunicación y el afecto son esenciales para el desarrollo saludable del cerebro.

El lenguaje no aparece en el silencio

La historia del experimento de Inchkeith probablemente mezcla hechos reales con elementos legendarios.

Pero deja una enseñanza que sí está respaldada por la ciencia.

Los seres humanos nacemos con la capacidad de aprender a hablar.

Sin embargo, ningún idioma surge por arte de magia.

El lenguaje no aparece en el silencio.

Nace del contacto con otras personas, de escuchar, responder y compartir experiencias.

Porque las palabras no son un conocimiento oculto que espera despertar.

Son una construcción colectiva que solo existe cuando alguien habla... y alguien más está dispuesto a escuchar.

Fuentes consultadas

  1. Language deprivation experiments - Wikipedia en inglés