En la historia del siglo XX hubo pocas cosas en las que Adolf Hitler e Iósif Stalin coincidieran. Ambos lideraron regímenes enfrentados que terminarían combatiéndose durante la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, existió un elemento que ambos consideraron una amenaza para sus respectivos gobiernos.
No fue un partido político.
Ni una organización militar.
Fue un idioma.
Se llamaba esperanto, y había sido creado con la esperanza de acercar a las personas por encima de las fronteras nacionales.
Paradójicamente, esa misma idea terminó convirtiéndolo en objeto de persecución.
Un idioma pensado para unir al mundo
En 1887, el médico polaco Ludwik Lejzer Zamenhof, conocido como L. L. Zamenhof, publicó el primer manual del esperanto.
Su objetivo era crear una lengua neutral, fácil de aprender y que no perteneciera a ninguna nación en particular.
Zamenhof creció en una región donde convivían comunidades polacas, rusas, alemanas y judías, muchas veces enfrentadas entre sí.
Estaba convencido de que la falta de comunicación alimentaba los prejuicios y los conflictos.
Por ello diseñó un idioma con reglas gramaticales sencillas, pocas excepciones y un vocabulario construido a partir de raíces presentes en varias lenguas europeas.
La idea comenzó a atraer rápidamente a miles de personas.
Un movimiento internacional
Durante las primeras décadas del siglo XX surgieron clubes de esperanto en numerosos países.
Se organizaron congresos internacionales, publicaciones periódicas y redes de correspondencia entre personas que nunca antes habían compartido un idioma común.
Para muchos de sus seguidores, el esperanto representaba mucho más que una lengua.
Era un símbolo de cooperación internacional y entendimiento entre pueblos.
Precisamente esa dimensión internacional despertó la desconfianza de algunos gobiernos totalitarios.

La Persecución bajo el régimen nazi
Adolf Hitler mencionó el esperanto en Mein Kampf.
En su obra expresó sospechas hacia los movimientos internacionalistas y llegó a presentar el idioma como una posible herramienta para facilitar supuestas conspiraciones internacionales, una idea influida por su ideología antisemita y por el origen judío de Zamenhof.
Con el ascenso del régimen nazi, numerosas asociaciones de esperanto fueron disueltas y sus actividades restringidas.
Muchos esperantistas fueron perseguidos por diversos motivos políticos, ideológicos o raciales.
Entre las víctimas estuvieron Adam, Zofia y Lidia Zamenhof, los tres hijos del creador del idioma.
Los tres murieron durante el Holocausto en circunstancias distintas.
Stalin también sospechó del esperanto
La persecución no ocurrió únicamente en Alemania.
Durante las Grandes Purgas de finales de la década de 1930, el gobierno de Iósif Stalin comenzó a considerar sospechosas a muchas personas que mantenían contactos internacionales.
Los hablantes de esperanto intercambiaban cartas con personas de otros países, participaban en asociaciones internacionales y mantenían redes de comunicación que escapaban al control estatal.
Eso bastó para despertar sospechas.
Numerosos esperantistas soviéticos fueron arrestados bajo acusaciones de espionaje o actividades contrarrevolucionarias.
Muchos fueron enviados a campos de trabajo forzado o ejecutados durante las purgas.

¿Por qué un idioma podía parecer peligroso?
Tanto el régimen nazi como el soviético compartían una característica fundamental: buscaban controlar la información y limitar las relaciones internacionales independientes.
El esperanto facilitaba precisamente lo contrario.
Permitía que personas de distintos países se comunicaran directamente, sin depender de traducciones oficiales ni de organizaciones controladas por el Estado.
Aunque las razones ideológicas eran diferentes en cada régimen, ambos terminaron viendo con recelo una comunidad internacional difícil de supervisar.
No fue el idioma en sí lo que generó temor, sino la red de personas que podía conectar.
Un idioma que sobrevivió a la persecución
A pesar de las prohibiciones y persecuciones, el esperanto nunca desapareció.
Después de la Segunda Guerra Mundial volvió a organizar congresos internacionales y hoy continúa siendo hablado por comunidades repartidas por todo el mundo.
No llegó a convertirse en la lengua universal imaginada por Zamenhof, pero sigue siendo el idioma artificial con mayor número de hablantes y una de las propuestas lingüísticas internacionales más exitosas de la historia.
Cuando hablar también puede convertirse en un acto político
La historia del esperanto demuestra que incluso un proyecto concebido para fomentar el entendimiento puede ser visto como una amenaza cuando desafía el control de los regímenes autoritarios.
Ni Hitler ni Stalin persiguieron el idioma porque fuera peligroso por sí mismo.
Lo hicieron porque facilitaba conexiones entre personas más allá de las fronteras y del control estatal.
En un siglo marcado por guerras, nacionalismos extremos y dictaduras, un lenguaje creado para acercar a la humanidad terminó siendo considerado, por dos de los gobiernos más represivos de la historia, una idea demasiado libre para ser tolerada.
